El juego en beneficio de la sociedad

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La discusión sobre la ética y moralidad de las apuestas y juegos de azar comenzó desde el mismo surgimiento de este tipo de juegos. Desde que se inventó el dinero, el hombre ha tanteado su suerte poniendo el dinero de por medio de infinidad de maneras diferentes. Una de ellas son los juegos de azar, que con el pasar del tiempo, exigieron de la creación de establecimientos dedicados en pleno a esta función, como las salas de bingo y los casinos.

Lógicamente, la gran tentación que caracteriza a los juegos de casino y las apuestas ha creado a su alrededor un círculo asociado a diversas formas de ilegalidad y grandes fortunas han cambiado de la noche a la mañana. Todo esto ha traído como consecuencia la intervención del estado como entidad reguladora en la sociedad creando en la opinión pública la opinión de que el juego es un vicio o una lacra social.

Es cierto que tanto la actividad criminal entorno al juego como la ludopatía asociada a esta actividad, son males detestables, pero el ser humano y las sociedades han logrado convivir y sobreponerse a otros vicios y comportamientos generados por el propio ser humano como las drogas, la guerra y la prostitución.

La realidad ha demostrado que por mucho que la combatamos, estas actividades seguirán existiendo a pesar de la opinión de muchos, así que la actitud más inteligente a tomar por los gobiernos debe ser regularlas y aceptarlas como importantes fuentes de ingresos monetarios.

No estoy queriendo decir que empecemos a partir de ahora a sufragar los gastos de las ONG, fundaciones, iglesias y otras instituciones que brindan un servicio social sin ánimos de lucro, con fondos provenientes de actividades como el tráfico de armas, las drogas o la prostitución. Pero no tiene sentido alguno oponerse al los juegos de azar y otros tipos de apuestas, pues estos están tan enraizadas en el ser humano como el hábito de fumar o el alcohol.

Enfrentemos la realidad y aprovechemos los ingresos que genera el juego dentro del marco legal, para utilizarlo, por ejemplo, en beneficio de aquellos sectores de la sociedad más vulnerables y que nada tiene que ver con el juego, los niños. O para la construcción de obras sociales. Existan muchas maneras de darle un buen camino a estos fondos, nada ganamos con prohibir y encarcelar a jugadores y operadores, pues la gente continuará jugando.

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